Seguro que muchos de vosotros al entrar en una iglesia os habréis fijado en la forma en la que está decorada la zona de altar, siempre tan llamativa e impresionante, y es gracias a los retablos que decoran su parte trasera y laterales.  En la mayoría de los casos podemos ver que el tiempo no les ha tratado muy bien y muchos han perdido su color, por ello es necesario buscar una restauración de retablos.

El retablo es un conjunto de piezas pintadas y esculpidas que forman un conjunto ordenado y colocado detrás de un altar, cuya aparición se produjo el en siglo XI y su dimensión fue aumentado con el paso de los siglos. Son piezas propias de las iglesias católicas de todo el mundo. Los retablos se han realizado con todo tipo de materiales (toda clase de maderas, toda clase de piedras, toda clase de metales, esmalte, terracota, estuco, etc.) y pueden ser escultóricos (en distintos grados de relieves o con figuras de bulto redondo), o bien pictóricos; es también muy frecuente que sean mixtos, combinando pinturas y tallas. Su utilidad principal era la de guardar reliquias y  su uso como elementos pedagógicos para explicar al pueblo pasajes religiosos y vidas de Santos.

El lugar por excelencia donde podemos encontrar los retablos es en el Altar Mayor de una iglesia, justamente zona situada en la parte posterior del altar, seguro que a muchos de vosotros os suena. Por defecto, este retablo es conocido con el nombre de Retablo Mayor. También podemos encontrar retablos en los laterales de la capilla, aunque sus dimensiones no son tan exuberantes como las de el retablo mayor.

Como podéis ver son verdaderas obras de arte, cuya conservación es importante, ya que representan nuestra historia, por este motivo es necesario cuidarlas y realizarse una restauración cuando veamos que han perdido su color y esencia.