Para la restauración de una pintura, es fundamental conocer la ejecución de la obra, es decir, como está pintada y sobre que soporte se encuentra.  La mejor forma de poder realizar la restauración de una pintura es conociendo el problema que ha provocado el deterioro de la pieza.

 

El primer paso es valorar que patologías presenta la obra y determinar sus causas.

Para ello, se realiza lo que se denomina “estudio científico”, donde a través de distintas técnicas de análisis (examen en profundidad con distintos tipos de luz, fluorescencia ultravioleta, radiografía, reflectografía infrarroja, análisis químico estratigráfico) es posible valorar los daños con exactitud, realizando de este modo la propuesta de intervención más adecuada en cada caso.

Este estudio es fundamental y básico antes de la intervención directa sobre la obra.

  1. Deformaciones del soporte.

Las deformaciones que puede presentar un tejido son muchas y variadas, atendiendo también a las múltiples causas que pueden originarlas.

1.1. La humedad ambiente.

Debido a que la gran mayoría de pinturas se encuentran realizadas sobre tejidos orgánicos y dado que estos presentan como característica la higroscopicidad, estos reaccionan con la humedad del ambiente de dos formas:

  1. a) Al haber mucha humedad en el ambiente, las telas tienden a coger parte de ella, hinchándose sus fibras y mostrando una distensión generalizada del tejido, destensándose.
  2. b) Por lo contrario, con una humedad escasa, las fibras tenderán a encoger, tensándose de nuevo

En la mayoría de los casos, cuando  el tejido ha perdido su tensión, ya sea por la pérdida de parte de sus propiedades físicas  o bien porque la distensión es muy grande, es imposible volver a su estado original de tensión sin la ayuda de un bastidor móvil. Por tanto, el bastidor de una obra será fundamental para aplicar una tensión extraordinaria.

Pero desafortunadamente, los bastidores móviles o de cuñas no aparecen hasta principios del siglo XIX. Por lo que, en la mayoría de los casos, el problema de la pérdida de tensión del tejido de una pintura no es recuperable a no ser que se cambie el bastidor fijo por uno móvil.

1.2. Tensiones artificiales que afectan al tejido.

Llamaremos “tensiones artificiales” a las tensiones producidas sobre la tela de una pintura cuyo origen no es natural.

En cuadros relativamente nuevos (finales del siglo XIX y siglo XX) y de tejidos con preparación industrial suele producirse pequeñas tensiones en los ángulos como consecuencia de una incorrecta tensión por parte de los bastidores.

También hay que destacar la aplicación de parches colocados en intervenciones puntuales a lo largo de la vida de la obra, realizados con adhesivos muy fuertes, que una vez secos, provocan tensiones extremas que se traducen en deformaciones puntuales del tejido por la cara anterior.

  1. Rotos.

Durante la vida de una obra, y sobre todo en pintura sobre lienzo, es común la presencia de rotos, producidos como consecuencia de golpes, agresiones y múltiples causas.

Si el tamaño del roto permite la colocación de un parche, esta podría ser una la solución. Aunque si el tamaño de este es muy grande y afecta a gran parte del lienzo, afectando a las propiedades físicas de la tela, el reentelado será la única solución

  1. Cazoletas.

Son zonas que se levantan al ser comprimidas por tensiones laterales, formándose grietas en la película pictórica con forma de cazoletas cóncavas con bordes levantados. Su origen puede ser muy variado : exceso de aglutinante, movimientos del soporte, excesivo calor, etc. A veces, estas cazoletas permanecen sujetas entre si por la simple presión de unos bordes con otros, pero suelen desprenderse fácilmente cuando sufren un golpe o una vibración, saltando toda la zona de pintura.

Su tratamiento se realiza aplicando puntualmente un consolidante, acompañado de presión y, a veces, calor.

  1. Falta de adhesión de estratos.

Provocada por una pérdida del poder adhesivo del aglutinante utilizado en los distintos estratos que se encuentran sobre el tejido (capa de preparación y película pictórica en sus distintas capas). Apareciendo, sobre todo, en la capa de preparación, y provocando el desprendimiento de distintas zonas a la menor vibración.

Las obras que presentan este daño deben ser tratadas a la mayor brevedad posible con tratamientos de urgencia que protejan la zona y eviten el desprendimiento.

  1. Abrasiones.

Como consecuencia de limpiezas inadecuadas realizadas por manos inexpertas, muchas pinturas presentan este daño. Se trata, como su nombre indica, de una abrasión o desgaste sobre la capa de película pictórica o pintura, adelgazando esta y llegando, en casos extremos, a dejar a la vista la capa de preparación subyacente.

Su tratamiento es puntual, realizándose una reintegración cromática que disimule óptimamente este daño.

  1. Repintes.

Problemática que consiste en la aplicación de un color para cubrir una falta en la película pictórica o pintura.

Por lo habitual están realizados por manos inexpertas, con materiales incorrectos y sin ajustarse cromáticamente al original.

Gracias al examen con luz ultravioleta son claramente visibles y detectables.

En la fase de limpieza son eliminados completamente, encontrándonos, en ocasiones, que el repinte cubre gran parte del color original, siendo extendido mucho más allá de la falta de color existente.

  1. Barnices oxidados.

Durante su vida, una obra sufre multitud de intervenciones, siendo la aplicación de barnices muy común, con la finalidad de subir el tono de los colores ya apagados de la policromía. Este barniz, con el paso de los años termina oxidándose, envejeciendo y por tanto, amarilleando, creando una veladura de color oscuro sobre las obras y ocultando los colores originales.

Tan importante es eliminarlo durante la intervención, para recuperar los colores originales, como su posterior aplicación de nuevo, ya que de este modo, la suciedad ambiental, grasas y humos se depositarán directamente sobre el barniz y no sobre la pintura, protegiendo esta. De este modo, cuando haya que volver a restaurar la obra, se facilitará al restaurador la fase de limpieza, ya que solamente habrá que retirar la capa de barniz sin intervenir directamente sobre la pintura.

  1. Suciedad generalizada.

Podríamos denominar esta suciedad como el polvo, grasas, humos, que se van depositando a lo largo del tiempo sobre una obra, creando un estrato que apaga los colores y desvirtuando el tono original.

Su eliminación es muy delicada cuando se ha depositado directamente sobre los colores, no existiendo de por medio una capa de barniz.